jueves, 15 de junio de 2017

La sorpresa de Gus, Día 2

Ahora que ya estamos tranquilos y solos, puedo continuar contándote, no tengas pena de no poder contestarme, ya se que eres de pocas palabras.

Hablar de mi vida es hablar de ese maravilloso ser que fue mi esposa, sus cabellos largos y lisos hacia volar mi imaginación, soñando en poder acariciarlos y sentir su delicioso aroma de cerca y aun sentir el impulso de robarle un beso a esos bellísimos labios rojos, déjame limpiarme los ojos porque seguramente tengo algo en ellos.

Fue un día 15 de diciembre cuando después de un concierto de el coro de niños de la escuela me llené del coraje para mirarla a los ojos y decirle que me parecía precioso su cabello y sus ojos y que quisiera que fuera mi novia. ¡Novios! Que sabe un niño huérfano de tener novia, solo sabia que en algún momento en la vida habría un beso y eso me mataba de la curiosidad, ¿Qué seria darle un beso? ¿Qué pasaría?, algunos compañeros decían que un beso muy «Profundo» haría que ella quedara esperando tu hijo y eso fue un mito que yo estaba dispuesto a probar o desmentir. No recuerdo si en realidad alguna ves me dijo que si, lo único que se es que al final de la excursión al zoológico le robe el primer beso detrás del bus, justo cuando la maestra nos buscaba. La maestra no hizo grande el problema, no llamaron a sus padres posiblemente porque la maestra sabia que yo no tenia los míos, lo único que si es cierto es que yo pase barriendo el salón de clases por todo el mes, ahora entiendo el porque la maestra dejaba solo ver muy sutilmente una sonrisa en su rostro cada vez que me decía que tenía que quedarme al final de la clase a barrer. Tal vez lo hacía para corregir o tal vez para tener un pretexto de recordar algún besito blanco de su infancia.

Como un sueño los años pasan y nuestro amor aumentaba especialmente porque cada tarde se iba conmigo a clase de piano con la Señora maestra de la calle 14, siempre le dije a Ivanna y a su mama que las clases eran gratis pero yo las pagaba, era un precio pequeño para poder tener un pretexto para verla todos los días. La alegría de su compañía siempre tendría su fin al ver llegar a su padre, un hombre blanco alto fornido y tosco, que trabajaba en la fabrica. Sus pasos aunque firmes se sentían cada vez mas difíciles. Todos lo sabíamos pero nadie decía algo de como su salud se iba degradando cada día. Un día triste de enero, su padre se  quedo dormido y ya No despertó. Lo primero que pensé es que harían ahora que el sustento no estaba y fue así como después de unos meses de la muerte de su papá pedí su mano a su mamá. Esa parte con gusto te la contaré pero será el día de mañana pues la luna ya alumbra y tu ya te dormiste.

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