Este es el relato de algunas de las más maravillosas cosas que a mi como ser humano me han sucedido y me han llevado a ser lo que ahora soy, un anciano feliz, cansado pero satisfecho. Con ciertas excepciones y dudas acerca de lo que hice bien y lo que pude haber hecho mejor, lo que hice y no debi hacer y lo peor lo que no hice y debí hacer.
Cuando uno esta como yo al final del camino puede ver la vida desde una diferente perspectiva, mas clara podría decir.
Para empezar, las cosas felices y las que mas me llenan de satisfacción son esos dos pequeños que hacen trascender mi existencia, me refiero a mi hija Beatriz y a mi hijo Pablo. Pero con esto me adelanto a lo que quiero contarte mi querido amigo. Nací en una gran ciudad llena de ruidos y gente yendo y viniendo como el hormiguero que un niño travieso acaba de revolver con el palito del helado que ya se comió. Todos con un propósito: llegar a tiempo a su cita.
En medio de esta gran ciudad, se encontraba la calle 15, numero que me ha acompañado toda mi vida, no se porque uno siempre se relaciona y ve repetido el mismo numero durante la vida como si fueran rieles de el tren que lo que hacen es facilitar tu movimiento pero a la vez limitarlo. El día 15 de febrero mis padres recibieron la feliz noticia que yo nací, que era varón y ellos decidieron llamarme Gustavo. Desde entonces el diminutivo «Gus» llamaría mi atención.
Una de las cosas que mas marcó mi vida fue precisamente el final de una vida. Cuando yo tenia 15 años y mi padre fue consumido por una enfermedad que también se llevo a mi madre al poco tiempo, dejándome solo en la vida con el único equipaje de los recuerdos de los tres juntos. Una pensión recibida por la provisión de mi padre fue lo que hizo que no descuidara mis estudios y mi sostenimiento. Mi padre dejó un fideicomiso para mi y compro nuestra casa de la calle 15 junto con otras dos de la vecindad, la cuales arrendaba y obtuve suficiente para mantenerme sólo. En realidad era bastante porque ¿que gastos tiene un jovencito de 15 años además de sus estudios, comida, vestidura, dulces y chocolates, etc? En esas vecinas casas, propiedad de la familia, llego a vivir la familia que algunos años después se convertirían en mis suegros. Unos extranjeros de un país lejano, mas lejano de lo que te imaginas cuando tienes 15 años.
Pero lamentablemente se termina mi tiempo para compartir contigo mi querido amigo, mañana y por los siguientes días toda mi historia será tuya y a la vez, aunque yo no lo quiera, no lo será.
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